Gustavo Eiffel el arquitecto de la famosa torre de París que lleva su apellido, en 1884 diseño una iglesia de hierro galvanizado para exhibirla en la Expo Mundial de 1889 en París –para la cual precisamente Eiffel dedicó la famosa torre–. Por razones inexplicables la iglesia fue llevada a Bruselas, Bélgica, donde permaneció por algunos años.

Una compañía francesa mandó construir el dicho templo para enviarlo a África, donde realizaba trabajos, pues se requería allá un edificio cuyo material no fuera consumido por una cierta hormiga llamada “blanca”, que se comía la madera. Por eso se le construyó de hierro. Sin embargo, la mencionada empresa nunca lo reclamó.

Por ese entonces, un grupo de damas de Santa Rosalía solicitaron al ingeniero La Forge, director de la compañía minera de El Boleo –que trabajaba con capital francés–, su ayuda para la construcción de una capilla católica en el poblado. En uno de sus viajes por Europa, el funcionario y su esposa se enteraron del templo referido, que ya se encontraba en la capital belga, y decidieron comprarlo para beneficio del pueblo de Santa Rosalia.

El edificio desarmado fue puesto en el velero San Juan, el cual tardó ocho meses en llegar con la carga a Santa Rosalía; eran ya los finales de 1895. La tribu yaquis, del sur Sonora, proporcionaron la mano de obra para los trabajos. Las secciones se ensamblaron y se colocaron sobre cimientos de ladrillo rojo, traídos también desde Europa; las paredes interiores del templo se construyeron, ésas sí, de madera. La edificación finalizó en 1897 bautizándola como la Iglesia de Santa Barbara donde actualmente se siguen ofreciendo servicios regularmente. 

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