imageUna tarde conversando íntimamente con el Sr. Carranza, éste le dijo:
“General, voy a tener el gusto de enviarle unos libros que he procurado para Usted. Contienen las campañas de Napoleón, las de Federico el Grande, las de Moltke y las de César. Me doy cuenta de la pesada y peligrosa responsabilidad que ha caído sobre usted. La patria pone sus esperanzas en su valor y en su capacidad militar.

Puede ser que en la lectura de esos libros que le envío, encuentre Usted antecedentes y enseñanzas que lo ayuden en los momentos difíciles con que, seguramente, va a tropezar”.
El General Obregón, respetuoso y jovial, contestó: “Señor le agradezco mucho el precioso regalo que me hace, y, oportunamente si conservo la vida, leeré esas obras evidentemente ilustrativas.
pero perdóneme la franqueza: ese momento oportuno será cuando haya pasado mi campaña contra Villa. No sea que mareado con tanta grandeza de Napoleón, de César, de Federico el Grande y de Moltke, quiera parecerme a esos grandes Capitanes. Eso sería para mi, un peligro. Además las condiciones de México son tan peculiares, que tengo temor de dejarme influenciar por métodos y hechos que no sean factibles en nuestro medio. Yo he hecho la guerra según mi modesto entender, y le ruego me permita seguirla haciendo en la única forma que creo obtener éxito.

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